03 enero 2009

crítica a la observación

No puedo dejar de felicitarme por haber conseguido poner el pie en un nuevo año. Felicitarme, digo, a pesar de no tener claro si soy yo la verdadera artífice de ese logro. Quizá haya cientos o miles de factores que han hecho posible esta proeza y no me resisto a nombrar incluso a la suerte o al azar. El caso es que aquí estamos, estoy, están, los que escriben y alguno que lee, saludando un nuevo año que esta vez finaliza impar. Estamos porque hemos logrado subir día a día un peldaño, sortear dos o tres inconvenientes y girar en la esquina correcta.

No es fácil, no señor, teniendo en cuenta los tiempos que corren, las pistolas que se disparan, las manos que se convierten en puños y las piedras como tanques. Algunos seguimos aquí, viendo cómo la mitad de los que quedaban, se marchan, se evaporan. Al otro lado del mundo o en el piso de abajo. Envueltos en llamas, arrasados o con puñales a la espalda. Se marchan. Y llegan otros, con panes debajo del brazo o con nada.

Los que sólo podemos dedicarnos a permanecer miramos de reojo.
Pensando, verdad, qué suerte que no seamos nosotros.




1 comentario:

Alfonso Saborido dijo...

Efectivamente, si uno mira alrededor, conseguimos ser felices. O al menos, si no al completo, un ratito. Feliz año.